El lanzamiento de Dragon Quest I-II HD-2D Remake hace justicia a lo que debe reconocerse como uno de los iconos culturales más importantes de nuestros tiempos. Gracias al trabajo de Square Enix, por fin tenemos completada la trilogía de Erdrick, una obra que suposo un antes y un después en el mundo de los videojuegos y creó un género. Gracias al éxito de Octopath Traveler, en estos últimos años hemos visto muchísimos juegos que utilizaban la técnica del HD-2D. Finalmente todo ha parecido encajar y en este juego los gráficos lucen más bellos que nunca y están acompañados de mejoras en la calidad de vida que no podían faltar en pleno 2025. El resultado son dos juegazos que han actualizado su estilo visual pero que respetan y contienen la esencia de los originales.

La historia es la clásica de toda la vida, pero por alguna razón no nos cansamos de revivir. Somos un héroe sin nombre que, por azares del destino se ve en la encrucijada de salvar el mundo mientras rescata a una princesa en apuros. Gracias al lanzamiento de Dragon Quest III ahora sabemos que somos el descendiente de Erdrick. Gracias a los consejos de una voz interior tendremos que salvar el mundo de ser consumido por la oscuridad. Dragon Quest I es tremendamente clásico y no tendremos ningún otro personaje jugable a lo largo de toda la aventura. Ni falta que lo hace porque sabe llevarte de la mano hasta un combate contra el final boss de los que ponen los pelos de punta. El juego, al igual que el original, puede ser completado en unas 9 horas, dependiendo de nuestra pericia.

Dragon Quest II juega en otra liga. A nivel argumental nos presenta a los tres descendiente de Erdrick, que tendrán que salvar al mundo de las tinieblas.  La relación entre los tres primos está tan bien escrita que sorprende a día de hoy. La historia es memorable y uno de los títulos de la saga más memorables para muchos. La traducción al castellano es de matrícula de honor, con los clásicos acentos característicos de cada región y sus modismos. Se nota el empeño que le han puesto en la localización y es algo digno de elogio. Se han añadido algunas escenas adicionales que amplían la trama y que no desentonan para nada con el contenido original.

Las mejoras en la calidad de vida incluyen poder leer los textos a mayor velocidad y saltarse las escenas cinematográficas, algo que merece algo de prisión pero que encanta a los que prefieren centrarse en el aspecto jugable de los juegos. También tenemos la opción de establecer patrones automáticos de ataque para no tener que estar pensando en cada combate. Otra de las opciones es acelerar la velocidad del combate y que el mapa del juego te marque en todo momento cuál debe ser el próximo destino del héroe. No te voy a engañar, se rompe un poco la magia del juego. Parte de la gracia de Dragon Quest es sentirte parte del destino del héroe, hablar con los personajes en los pueblos y descifrar las pistas. Si por falta de tiempo, ganas o interés no te apetece hacerlo, siempre puedes seguir la brújula y no quemarte demasiado la cabeza.

El nivel de dificultad es bastante elevado. En cualquier encuentro aleatorio podemos encontrarnos en la situación de un enemigo que nos haga dos ataques críticos seguidos y mordamos el polvo. Nadie dijo que el camino del héroe sería fácil. De nuevo, si preferimos disfrutar de la aventura, podemos activar el modo fácil en el que somos invencibles y nuestros HP nunca bajarán de 1HP. También se ha añadido la opción de correr sin tener que mantener el botón y los autoguardados sin la necesidad de ir a la iglesia a rezar cada vez que queramos guardar partida.

De algún modo, poder jugar a la trilogía original de Dragon Quest es una suerte que merece ser celebrada por todo lo alto. Es una oportunidad única para descubrir el origen de los JRPG y una garantía de diversión durante horas y horas. Larga vida a los remakes hechos con tanto mimo, cariño y respeto a los originales.

Nota: 9,5

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