Netflix últimamente se ha ganado un buen puñado de detractores debido a su política de entretenimiento y competencia con otras plataformas. La noticia de que iban a comprar Warner no fue bien recibida por público y compañías. Pero ahora, con la última revelación de Matt Damon, la reputación de la empresa vuelve a tomar otra caida.

Damon explica que, por contrato, los guionistas que trabajen en películas de Netflix deben "explicar lo que ocurre en pantalla entre 3 o 4 veces porque el público está más pendiente del teléfono." Esto no sólo habla del claro problema de atención del público, sino que atenta contra la libertad creativa de los cineastas, quienes deben reducir su léxico artístico y poner explicaciones innecesarias para una audiencia que debe ser tratads como infantes.

A partir de la revelación de Damon, se abren varios debates interesantes. No es sólo el hecho de que las películas ahora sean deliberadamente menos complejas, sino que también hay menos espacio para la interpretación, el descubrimiento de pistas y los recursos de sutileza que sólo los mejores observadores captan, todos estos son elementos que enriquecen la experiencia del espectador. 

A parte de esto, también parece hacerse de lado a los cinéfilos que sí disfrutan de la experiencia del cine de la manera correcta, con el teléfono lejos y en silencio, con toda la atención puesta en lo que los cineastas tenían para ofrecer. 

La revelación de Matt Damon pondría en evidencia todas las películas y series producidas por Netflix, casi como si estuvieran marcadas con el rótulo de "para público lento y con problemas de atención". Casi de forma incosciente, veríamos dichas producciones con prejuicio; películas masticadas, que están de fondo, incapaces de llamar nuestra atención y sobre todo, que insultan a la inteligencia del público.

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